jueves, 14 de junio de 2012

El ladrón mal hablado


La mejor arma contra el insulto, la descalificación, la mentira o el desprestigio es la respuesta “de altura” de acuerdo con una ideología y una propuesta en ella fundamentada.

¿Tiene ideología el insulto? La pregunta deja de ser retórica ante episodios como los  protagonizados por "políticos" y/o "autoridades"  a través de medios de comunicación para oficiar el ritual público del insulto.xenofobo, rastrero, racista, de patrón dictadorcillo mandamás:  “narco, indio, mafioso, ladrón, analfabeto", por decir menos porque son irrepetibles y en extremo decadentes; qué decir el insulto a las mujeres ofende, agrede y pisotea hasta la dignidad e integridad de hijos e hijas.


Estos insultos diarios por quienes seguramente tienen la propensión crónica a buscar resonancias políticas y mediáticas a base de invectivas, por quienes son  sacados de sus casillas porque ahora el Estado no es su hacienda;  generan abismos dialécticos tan de su gusto porque les permiten declarase "perseguidos políticos bajo una ley dictatorial", cuando mundialmente, la calumnia, el insulto, la afectación al nombre, no solo lleva a la cárcel y a la disculpa sino que cuesta millones. No se necesita ser dictador para ofenderse porque algún "demócrata" usa adjetivos calificativos que tocan hasta la madre, los hijos, la familia y el honor del adversario y después cobardemente e impunemente se declaran "perseguidos". Perseguidos por sus lenguas y sus cuentas!
 
Esta victimización cargada  de procesos contra la economía del Estado y ahora de implacables adjetivos descalificativos es la nueva ideología política que dirime al corrupto y eleva a rango de cultura política, el insulto.

 Hay que reconocer que ofender ofende. Pero no sólo al blanco por él elegido, sino a la misma inteligencia, al sentido primero y principal del respeto debido entre políticos a quienes los ciudadanos han elevado a la categoría de gobernantes de sus destinos. Una misión demasiado importante como para que sea lidiada en términos bronca navajera.


Esta búsqueda de asilo tan desproporcionada, tan salida del mas puro cinismo,  tan lejos no ya no de la ética personal, sino del abuso a la buena fe de países que lamentablemente no tienen idea de quíenes son ciertos personajes auto declarados perseguidos políticos sin que nadie les ponga una uña en sus gigantescas garras dolidas porque ya el poder no es de unos cuantos. Guste o no, por donde miremos; la democracia se a expandido tanto que, o sé es político real o sé es un cínico total.

 Y por supuesto hay quienes respetan y se enriquecen con la dialéctica (azules, amarillos, verdes, etc) y hay quienes ignorando hasta el significado de este concepto ( les puede dar derrame cerebral si lo investigan); fingen que son políticos cuando no son más que analfabetos políticos rematados. Cada quien sabe qué es, aunque finja exactamente lo contrario.
 

Los asilados por ideología política que fueron exilados del país por defender causas profundamente sociales y no causas procesales personalísimas; que fueron asesinados por sustentar verdaderos debates ideológicos y reclamar el derecho a la palabra (“si me permiten hablar”-Domitila Chungara) eran políticos. Ahora los procesos delictivos sobran y el palarerio, el insulto, la palabra chillona, el escándalo; sobran.